NARRACIONES LITERARIAS- EPISODIO 01-


LOS VIVOS ANHELOS DE UN NIÑO
Episodio 01
Serafín Buenahora

Me llamo serafín Buenahora. Parece que hago honor a mi nombre, porque a la edad que tengo, ya empiezo a comprender por qué las mujeres de mi pueblo, me estrujaban tanto contra sus delicados cuerpos, ataviados miserablemente, igual que yo, que vestía mis andrajos que los buenos corazones me regalaban. Estas bellas y nobles damitas me martirizaban las pálidas mejillas contra las suyas propias, hasta hacerme perder la paciencia.
De eso, nada recuerdo, pero lo que sí tengo presente todavía, son las bellas historias que me contaba mi madre y que a pesar de los años transcurridos me llenan aún de verdadera nostalgia.
Ahora lo que yo deseo, es ocupar mi mente con conmovedoras vivencias, que me ha deparado la vida, por cierto, muy agitada, porque a pesar de combinar mi trabajo de mandadero con el de estudiante, también aprovecho muy bien el tiempo libre, para realizar actividades de orden cultural y social, gracias a Braulio mi maestro, un hombre de nobles sentimientos que sigue preocupándose por mí.
Por eso, es por lo que con frecuencia y también para no olvidar, me dedico a repasar, las gloriosas páginas llenas de historia de mi pueblo con las que me deleito refrescando la mente y recordando como siempre, mis locas aventuras que, eso sí, lo debo reconocer, no las he podido dejar a pesar de los muchos consejos que sigo recibiendo de mi maestro Braulio y de mis semejantes; pero nunca será tarde para realizar un cambio en mi modo de ser y yo sé que lo conseguiré con la ayuda del dios de dioses, de mis padres y del mismo maestro de mis primeras letras; con ellos, podré superar mis propias dificultades. Yo sé, que con hombres como Braulio, todo sistema funcionaría bien en mi querida Colombia. Por eso, yo lo admiro. Es que mi pueblo estaba dormido. ¡Qué horror! no nos preocupábamos por su adelanto; pues nos hacía falta un líder que movilizara las masas, que se enfrentara con valor civil a promover reuniones en forma periódica, y que tuviera el coraje y el suficiente don de mando para convencer a su gente. Yo si digo que un pueblo progresa cuando sus habitantes se preocupan por él de manera comunitaria, para sacarlo del paroxismo total en que se encuentra.
Que Dios me ilumine y me llene de sabiduría divina, para que cuando sea más grande en conocimiento, pueda no solo ayudar a mi municipio sino colaborar con los demás vecinos para que haya paz y progreso en la nación. Ahora sí me entregaré a meditar profundamente sobre el pasado, presente y futuro de mi pueblo y de mi gente, y a referir pormenorizadamente mis locas aventuras por este mundo lleno de pasión.




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